La científica cordobesa se encuentra dentro del 1% de científicos más citados y referidos del planeta dentro de su especialidad: los estudios sobre biodiversidad del planeta (IPBES).
Sandra Díaz fue reconocida por la revista ‘Nature’ como una de las diez personalidades de la ciencia mundial que marcaron el 2019 y comparte el listado con la activista sueca Greta Thunberg. Diaz ocupó un lugar relevante por su contribución en el área de la ecología.
Este mismo año recibió el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Bunge y Born y fue invitada a ingresar a la Royal Society de Londres.
La consigna de la revista consiste en la selección de 10 científicos que podrían haber logrado descubrimientos asombrosos, haber llamado la atención sobre temas cruciales o incluso haber ganado notoriedad por acciones controvertidas.
Sandra Díaz fue catalogada por Nature como “guardiana de la biodiversidad”. La doctora en Ciencias Biológicas se destacó con su trabajo sobre la contribución de la naturaleza para la vida humana, el que fue altamente valorado a nivel mundial.
Díaz es doctora Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires, investigadora superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). En el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC) trabaja en un marco interdisciplinario, que incluye a sociólogos y a distintos actores sociales, desde hace más de 10 años. Pero el premio lo recibió por sus trabajos en la Plataforma Intergubernamental de Ciencia-Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES).
Su trabajo en IPBES
Sandra junto a otros 144 investigadores dejaron un mensaje claro para el mundo. Acababan de terminar el estudio más exhaustivo de la biodiversidad global, y la noticia fue: un millón de especies se dirigen a la extinción debido a las actividades humanas.
“La velocidad a la que las especies se extinguen es al menos decenas a cientos de veces más rápida que en promedio en los últimos diez millones de años. Nuestra red de seguridad se estira casi hasta el punto de ruptura”, apunta la reconocida bióloga.
La ecologista es uno de los tres copresidentes del panel. Durante la mayor parte de los tres años anteriores, ella y sus colegas, el antropólogo Eduardo Brondízio de la Universidad de Indiana Bloomington y el ecologista Josef Settele del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental en Halle, Alemania, coordinaron el trabajo de expertos de 51 países, se reunieron en talleres físicos y en grupos de trabajo virtuales, estudiando más de 15.000 fuentes de información.
Su informe final, que abarca 1500 páginas, indica que las naciones no cumplirán con la mayoría de los objetivos globales en biodiversidad y desarrollo sostenible a menos que hagan cambios masivos, como abandonar la idea de que las economías deben crecer constantemente.
“No podemos vivir una vida plena, una vida como la conocemos, sin la naturaleza. Y si las economías continúan funcionando de una manera tan destructiva, se necesita un nuevo modelo económico para la naturaleza y las personas”, destaca.
Es un mensaje contundente y, de alguna manera, radical. Pero Díaz no rehuye hablar sobre temas importantes en ciencia y política. Ella desafió, por ejemplo, lo que alguna vez fue uno de los principios centrales de la ecología del siglo XX: la idea de que los ecosistemas y sus beneficios para los humanos, como la alimentación o la regulación climática, dependen en gran medida de tener un gran número de especies.
Díaz ha liderado la tarea de resaltar el valor de lo que las plantas realmente hacen, conocidas como sus rasgos funcionales.
Esta visión y otras llegaron a Díaz a través de los años que pasó caminando por los campos de África, Asia, Europa y América Latina, recolectando hojas, midiendo su dureza y evaluando las propiedades del suelo. Es un hábito que desarrolló mientras crecía en el centro de Argentina, cuando exploraba las praderas pampeanas mientras otros tomaban sus descansos por la tarde. “Me escaparía de la siesta para ver plantas y animales”, dice ella. “Desde que era estudiante universitaria, sabía que quería ser investigadora”.
Contabilizando beneficios ecosistémicos
Otro de sus grandes logros, motivo por los que fue premiada con el premio Princesa de Asturias, fue la participación en el desarrollo de una metodología capaz de cuantificar los efectos y beneficios que tiene la biodiversidad de las plantas de un ecosistema y su aprovechamiento por parte del ser humano en distintos usos (combustible, alimentación, materiales…) así como su eficacia para contrarrestar el calentamiento global.
La pobreza, un problema de desigualdad
También se ha pronunciado sobre la pobreza como algo que no es natural e irremediable, sino que una parte de la población ha creado y naturalizado y que tiene mucho que ver con cómo manejamos y conservamos los recursos: “La pobreza no es una parte inevitable de la vida, algo que sea resultado de la fatalidad o de la falta de recursos para todos. La pobreza es el resultado de la desigualdad, de un modelo económico, político y cultural por el cual unos pocos se benefician de modo inmediato y desproporcionado a costa de la privación, el sufrimiento y el fracaso crónico de gran parte de la gente”, opina la bióloga.
Díaz ahora se encuentra influyendo en las políticas a través de su trabajo con IPBES. Ella se congratula de cómo el informe del panel está siendo adoptado por muchos movimientos sociales y ambientales.
“Nos ha sorprendido su alcance”, dice ella. “El informe llegó en el momento adecuado”. Y a pesar de su pronóstico sombrío, Díaz se niega a ser pesimista sobre la capacidad de la humanidad para cambiar las cosas. “Tengo que ser optimista”, dice ella, “porque no hay un Plan B”.