Se inauguró la primera central eléctrica capaz de capturar el CO2 y mineralizarlo. Una iniciativa pionera que se ha puesto en marcha en la planta geotérmica de Hellisheidi, en Islandia.

Por primera vez en el mundo una planta de energía eléctrica captura CO2 y lo convierte en un mineral sólido, permitiendo así su almacenamiento permanente y evitando su liberación a la atmósfera.

Esta solución pionera, que acaba de iniciar su fase de pruebas en la planta geotérmica de Hellisheidi, en Islandia, aspira a contribuir al objetivo alcanzado en la Cumbre del Clima de París:

 «Limitar a un máximo de dos grados el aumento de la temperatura a finales de siglo»

Según aseguran desde la empresa suiza Climeworks, que participa en el proyecto, los científicos han alertado de que esta meta no será posible sin soluciones que permitan eliminar el carbono. De ahí, y de su radical novedad, la atención generada por esta tecnología que ya hoy está fijando como minerales el 60% de los gases que se generan en la planta islandesa en la producción de electricidad y agua caliente.

El objetivo inmediato, además de lograr que la planta de Hellisheidi llegue a operar sin emisiones a la atmósfera, es probar que esta iniciativa para la captura directa de dióxido de carbono y su almacenamiento geológico es una alternativa “segura, viable económicamente y escalable”, según Climeworks.

¿Cómo se consigue mineralizar el CO2?

Los test han arrancado con la instalación en la planta de Hellisheidi de un módulo DAC (Direct Air Capture, en español, captura directa del aire). Estos módulos tecnológicos capturan el dióxido de carbono y el sulfuro de hidrógeno del propio ambiente.

Luego, estos gases son diluidos en agua y enviados a más de 700 metros bajo tierra donde, gracias a la reacción que producen las rocas basálticas del lugar, se forma un mineral sólido que permite el almacenamiento permanente de estos gases.

Este proceso se basa en un fenómeno natural que se acelera gracias a un filtro patentado por compañía suiza Climeworks. De esta forma podemos conseguir el proceso de mineralización natural de la tierra, que tardaría siglos, en menos de dos años.

Bautizado como CarbFix2, este trabajo financiado por la Unión Europea a través del programa Horizonte 2020 arrancó hace ya una década. Ahora se da un paso decisivo en esta tecnología que, todavía, cuenta con varios desafíos para su expansión, entre ellos su viabilidad económica.

Actualmente, extraer una tonelada de CO2 cuesta alrededor de 600 dólares. Además, por el momento la potencia de esta planta es limitada, ya que la capacidad anual se prevé en 900 toneladas.

Sin embargo, las empresas implicadas en este proyecto son optimistas. “El potencial de escalar nuestra tecnología en combinación con el almacenamiento de CO2 es enorme; no solo en Islandia, sino en multitud de lugares con formaciones rocosas semejantes”; considera Christoph Gebald, fundador y máximo responsable de Climeworks,

Detrás de este proyecto hay un gran objetivo: capturar del 1% de las emisiones globales de CO2 en 2025.

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